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Susurros coránicos – 1: Conceptos coránicos de la fe que pueden cambiar su visión de la religión

 

Cuando oímos la palabra “fe”, a menudo pensamos en el concepto de creencia interior, es decir, el conjunto de principios y convicciones que una persona lleva en su corazón, lo que se conoce como “creencia”. Esta concepción es común y está profundamente arraigada, ya que la fe se considera una relación personal y espiritual entre un individuo y su Creador, centrada en la creencia y el reconocimiento de lo invisible.

Pero, ¿y si el significado central de la fe en el Corán no se refiere a lo que creemos en nuestros corazones, sino a las acciones que emprendemos para hacer del mundo un lugar más seguro para los demás? ¿Y si la esencia de la fe es “dar seguridad” y no sólo “sentirse seguro”? Este artículo explora cinco conceptos sorprendentes extraídos de un profundo análisis lingüístico del mensaje del Corán, que pueden hacernos reconsiderar nuestra comprensión de lo que significa ser creyente.

La fe es una acción, no sólo una creencia: “Dar seguridad” es la esencia

La raíz lingüística de la palabra “fe” en árabe es “aman”, que significa seguridad, tranquilidad y ausencia de miedo. El Corán hace una sutil distinción entre dos verbos derivados de esta raíz:

Amén: Se trata de un verbo requerido que significa “hacerse sentir seguro”. El efecto del verbo aquí se limita al sujeto.

Amén: Es un verbo transitivo que significa “dar seguridad a otra persona”. La acción del verbo aquí va del sujeto al objeto.

Esta diferencia lingüística revela que el concepto de “fe” en el Corán es fundamentalmente un acto orientado hacia el exterior, es decir, hacia los demás. Esta idea se ilustra claramente en la historia de Dhul Qarnain en Surat al-Kahf, donde el verbo “creer” se presenta como el opuesto directo del verbo “oprimir”. Este es un argumento convincente: Dhul Qarnain no podía penetrar en el corazón de la gente para conocer sus creencias íntimas. Por lo tanto, su decisión entre conceder seguridad a los que hacían bien (iman) o castigar a los que hacían mal (zalam) se basaba necesariamente en sus acciones y comportamiento externos. Aquí, la fe es un acto de justicia que otorga seguridad, y la injusticia es un acto de injusticia que la quita.

Este significado práctico de la fe y el islam queda subrayado por un honorable hadiz profético que define la identidad de un musulmán y un creyente por sus acciones y su impacto en la gente:

Un musulmán es aquel que está libre de su lengua y su mano, y un creyente es aquel que está seguro de que la gente le confíe su sangre y sus bienes.

Fuente: Sahih Al-Tirmidhi, Muhaddith: Albano

La palabra “credo” no está en el Corán

Uno de los hechos lingüísticos más sorprendentes al estudiar el Sagrado Corán es la ausencia total de la palabra “creencia” y sus derivados. El verbo “creer” y el sustantivo “creer” no aparecen ni una sola vez en todo el texto coránico.

En cambio, las palabras asociadas a “trabajo” y sus derivados se repiten cientos de veces. Este análisis lingüístico pone de manifiesto una cruda paradoja: Mientras que frases como “recompensa por lo que has creído” están completamente ausentes, la frase “recompensa por lo que has hecho” se repite constantemente como base de la responsabilidad escatológica. Esta realidad lingüística sugiere que el mensaje coránico se centra principalmente en el comportamiento recto y su impacto tangible en la sociedad, más que en la creencia doctrinal abstracta.

La causa de la destrucción de las naciones: La injusticia y la corrupción, no la blasfemia

Los relatos coránicos sobre los pueblos del pasado ofrecen una perspectiva fascinante sobre las causas de la caída de las civilizaciones. Si se reflexiona sobre ello, la razón de su desaparición no se debió principalmente a su incredulidad en Dios o a la negación de su existencia, sino más bien a la prevalencia de la injusticia, la corrupción y la tiranía en sus sociedades.

El Corán vincula explícitamente la destrucción a la injusticia, no sólo a la incredulidad. Dice el Todopoderoso: Y a esos pueblos los destruimos cuando eran injustos (Al-Kahf: 59), y subraya en otro lugar Hemos destruido los pueblos anteriores a vosotros cuando pecaron (Yunus: 13).

Esto replantea la lección moral de estas historias. El castigo divino no cayó sobre esas naciones por un error teológico o una creencia mística que sólo Dios conoce, sino como resultado de delitos sociales y morales concretos que llevaron al colapso del sistema de justicia y seguridad. La destrucción fue un castigo por actos verificables, como la corrupción en la tierra y el menoscabo de las personas, que son delitos que amenazan la estabilidad de cualquier sociedad.

El juicio del Día del Juicio se basará en los hechos, no en las creencias

En un punto crucial que subraya la centralidad de la acción, un estudio lingüístico en profundidad del texto coránico llega a una conclusión definitiva: “No hay ni un solo versículo en el Corán que amenace a una persona con el castigo o el paraíso por lo que crea en sí misma”. Esto significa que la balanza con la que se pesarán los asuntos de las personas el Día del Juicio Final es exclusivamente la de las obras.

En cambio, los versículos están llenos de frases que vinculan la recompensa y el castigo a lo que una persona “hizo”. La frase “por lo que hacías” es un motivo recurrente en la descripción de la escena del juicio final, lo que refuerza la idea de que la responsabilidad última recae en las acciones y sus efectos en el mundo.

Y ese paraíso que has heredado, por lo que has estado haciendo.

La verdadera diferencia entre “musulmán” y “creyente

Basado en raíces lingüísticas, este análisis ofrece una distinción matizada y práctica entre “musulmán” y “creyente”:

Musulmán: Es el que da la “paz” (paz y no agresión). La paz es la primera etapa y significa la ausencia de guerra y agresión directa.

El creyente: Es el que da “seguridad” (seguridad, tranquilidad, confianza plena). La seguridad es un estadio más elevado y profundo que la mera paz.

Para ilustrar la diferencia, puede utilizarse la siguiente analogía: Imaginemos dos países en estado de paz, pero las fronteras están cerradas, las relaciones son tensas y cada parte teme a la otra. Se trata de un estado de “islam” (ausencia de guerra). Ahora imagine otros dos países con fronteras abiertas, libre comercio y una profunda confianza mutua, donde los ciudadanos de cada país se sienten completamente seguros en el otro. Este es un estado de “fe”.

Por tanto, todo creyente es necesariamente un musulmán, porque la seguridad no puede alcanzarse sin la paz previa. Sin embargo, no todos los musulmanes alcanzan la condición de creyentes, porque dar plena confianza y eliminar todas las causas del miedo requiere más esfuerzo y un compromiso más profundo que simplemente detener el daño.

La conclusión es que el mensaje coránico, analizado lingüísticamente, se centra en una fe activa y social, centrada en la construcción de un mundo seguro y justo. No se trata sólo de una convicción interior, sino de un compromiso práctico para otorgar seguridad y tranquilidad a los demás. Esta concepción nos plantea una pregunta fundamental: ¿Cómo podría cambiar nuestro mundo si midiéramos la fe no por las creencias que profesamos, sino por la seguridad y la confianza que construimos unos con otros?

Resumen de la investigación sobre la fe trascendental,

د. م. خالد السيد حسن

د. م. خالد السيد حسن هو باحث ومفكر إسلامي متخصص في الدراسات القرءانية، بالإضافة إلى كونه مهندسًا مدنيًا. حصل على درجة البكالوريوس في الهندسة المدنية من جامعة دمشق عام 1986، ثم أكمل دراسته العليا في معهد موسكو للبناء حيث نال درجة الدكتوراه عام 1992. يتميز بأبحاثه التي تسلط الضوء على المفاهيم القرءانية من منظور وتحليلي نقدي. نشر العديد من الدراسات الأكاديمية التي تعيد قراءة المصطلحات القرءانية وفق منهج علمي قائم على تفسير القرءان بالقرءان، ومن أبرز أبحاثه "الإيمان في القرءان الكريم" حيث يناقش فيه الفروقات بين الإيمان المتعدي والإيمان اللازم وانعكاساته على البنية الفكرية والاجتماعية للمجتمعات الإسلامية.

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